La vida interior no se limita a ciertos movimientos nuestra mente y de nuestro corazón. Es más bien una conciencia de ser, sabiendo que toda conquista solo será un redescubrimiento, pero con la seguridad de que llegaremos al fin que anhelamos. Por ello, el principal esfuerzo de nuestro trabajo interior está dirigido a lograr una unidad entre lo que pensamos, sentimos y hacemos con lo que deseamos realizar. Nuestra vida interior se vuelve, entonces, una autoconciencia progresiva y expansiva, el nuevo mundo que podemos descubrir y conquistar.