A partir de las diez palabras básicas que Santiago Bovisio enumeró en el primer curso de enseñanzas para Cafh escrito en 1937, el autor desglosa el proceso de desenvolvimiento espiritual. Su aplicación, como ascética y como mística, al empeño por desenvolvernos, nos ayuda a saber quiénes somos, cómo queremos vivir, en qué queremos devenir; nos da tanto un marco como una línea de trabajo para lograr nuestro anhelo.