El Efecto Que Provocan Nuestras Palabras

Por Roberto Cirimello
20/03/2026

¿Acaso no nos ha pasado de vivir un momento en que intentamos transmitir serenidad y tranquilidad a una persona que está viviendo una circunstancia adversa de su vida y la vemos desesperada y vemos que todo lo que nos rodea se detiene como una imagen congelada de la televisión? Solo estamos nosotros, nuestro o nuestra interlocutora y una atmosfera cálida que nos envuelve, alimentando la fuerza que transmite nuestras palabras. Aunque esa imagen sea casi literaria es la representación de lo que ese acto significa, tanto para nosotros como para quien va dirigido. 

Claro, está lo contrario. Cuando la ira, alimentada por una agresión verbal o física, es la impulsora de las palabras que salen de nuestra boca como dardos de fuego, una atmosfera oscura y densa es la que rodea la escena.

La neurociencia y las palabras

El impacto de las palabras positivas en el cerebro y las emociones se manifiesta en varios aspectos. 

Estas palabras estimulan distintas zonas, unas de las cuales es el lóbulo frontal, que repercute en la planificación y el control cognitivo y activa los centros de recompensa.

Estas palabras estimulan distintas zonas, unas de las cuales es el lóbulo frontal, que repercute en la planificación y el control cognitivo y activa los centros de recompensa.

Provocan la liberación de neurotransmisores,  como la dopamina, que mejora el estado de ánimo y la motivación, y reducen la liberación de cortisol,  la hormona responsable del estrés.

Modifican la percepción de la realidad, haciendo a la persona más tolerante a la frustración y en foco, favoreciendo su salud mental. 

En el área de la interacción social establecen una conexión emocional fortaleciendo la autoestima y estimulan la cooperación, actuando como un puente hacia el bienestar en las relaciones.

Cuando se usan en forma sistemática favorecen la neuroplasticidad social porque contribuyen a construir una realidad más positiva y equilibrada, tanto para quien las dice como para quien las escucha, reforzando circuitos neuronales de confianza y resiliencia. 

Las palabras negativas, en cambio, activan la amígdala – miedo o ansiedad – desatan el estrés – cortisol – y pueden dificultar la cognición y fomentar el pesimismo, reforzando la neuroplasticidad negativa.

¿Cómo procesa el cerebro las palabras?

El cerebro procesa las palabras de manera sensorimotora, es decir, involucra áreas relacionadas con la percepción y la acción. Esto significa que cuando escuchamos o leemos una palabra, nuestro cerebro activa redes neuronales asociadas con su significado y con nuestras experiencias sensoriales y motoras relacionadas con esa palabra.

Hay diversos estudios neurocientíficos que demuestran cómo reacciona el cerebro a los segundos de decir o simplemente pensar una palabra. Con tan solo decir una palabra se puede lograr que el cerebro libere estrés y ansiedad o se puede lograr que libere felicidad y productividad. 

Un estudio reciente realizado por neurocientíficos de la Universidad Estatal de Virginia (Virginia Tech, VTC)  y publicado en Cell Reports,  encabezado por el neurocientífico computacional Read Montague, profesor del Instituto de Investigación Biomédica Fralin en VTC  y director del Centro de Investigación en Neurociencia Humana del instituto, representa una exploración pionera de cómo los neurotransmisores procesan el contenido emocional del lenguaje, una función exclusivamente humana.

El estudio conecta lo biológico y lo simbólico, y establece que: 

La creencia común sobre las sustancias químicas cerebrales, como la dopamina y la serotonina, es que envían señales relacionadas con el valor positivo o negativo de las experiencias”, afirmó Montague, coautor principal y coautor del estudio. “Nuestros hallazgos sugieren que estas sustancias químicas se liberan en áreas específicas del cerebro cuando procesamos el significado emocional de las palabras. En términos más generales, nuestra investigación respalda la idea de que los sistemas cerebrales que evolucionaron para ayudarnos a reaccionar ante las cosas buenas o malas de nuestro entorno también podrían influir en cómo procesamos las palabras, que son igualmente importantes para nuestra supervivencia”.

Otros estudios nos dicen que las palabras que más afectan son las negativas. Cualquier palabra negativa que se utilice hará que la amígdala entre en alerta y los mecanismos de estrés se activan lo que provoca que el cerebro fantasee escenarios catastróficos y causen más estrés, preocupación y ansiedad, esto en el futuro provocará que el cerebro cambie a nivel funcional y sepa que debe protegerse cuando escuche palabras negativas como un “no” y enviará señales a todo el organismo, por lo tanto no será coincidencia que provoque dolores musculares y cansancio excesivo.

Un estudio realizado por neurocientíficos japoneses reveló que el impacto de las palabras negativas en el cerebro es aún mayor cuando se trata de características propias. Podemos deducir que el impacto de las palabras altera nuestra lógica, capacidad de razonamiento y procesamiento de la información además, las palabras negativas, tienen la capacidad de influir en nuestros ritmos de sueño, el apetito, etc.

Con estos conocimientos resulta importante hacer un cambio consciente en nuestro comportamiento, dejando de desmerecernos y auto descalificarnos y comenzar a eliminar palabras negativas de nuestro vocabulario, dejando de lado la autocrítica y crítica hacia los demás y comenzar con la práctica de afirmaciones positivas desde que nos levantamos hasta la hora de acostarse.

Vivir Conscientemente

Vivir conscientemente es estar presente y atento a los pensamientos, emociones y acciones, actuando con intención y no en forma reactiva o automática según el estado de ánimo, lo que implica observación sin juicio, conexión con el momento actual a través de la respiración y los sentidos, y alineación con los propios valores, trayendo calma, mejorando decisiones y reduciendo el estrés, a través de prácticas como la meditación, y atención plena en actividades diarias. 

Estar conscientes implica estar en el presente, reconocer los pensamientos y emociones sin juzgarlos, elegir cómo responder, en lugar de reaccionar automáticamente, conocer los patrones, motivaciones y valores propios, sentir el cuerpo, la naturaleza y las relaciones más profundamente. 

Para ello es necesario un Método para tomar consciencia basado en la meditación, una alimentación consciente, prestando atención a las actividades habituales, agradecer las pequeñas acciones diarias y buscar momentos de silencio y espacio para conectarse consigo mismo. 

Esto permite que, al actuar y expresarnos con palabras, lo hagamos reconociendo la importancia de hacerlo con las palabras positivas y estimulantes y dejando de lado las negativas. Ello conduce, por lo ya dicho sobre el efecto de las palabras en el cerebro, a reducir el estrés y la ansiedad, a mejorar la concentración y la toma de decisiones, fomentar relaciones más sanas, aumentar la autoestima y el sentido de propósito y transformar la experiencia de vida, haciéndola más rica y menos mecánica.

Que nos dice la experiencia de nuestra vida

No todo es blanco o negro. El estado de ánimo, la salud, el humor, el estado de consciencia, determinan como reaccionamos diariamente a las circunstancias que requieren de nuestra atención y como nuestra mente y nuestro corazón alimentan las palabras que pronunciamos consciente o inconscientemente. Solo la disciplina de un Método de vida practicada a lo largo de nuestra vida pueden ser determinantes en nuestro comportamiento y el de nuestras palabras. 

Eso implica conocerse a si mismo que, si bien es una expresión recurrente y reiteradamente usada para expresar la necesidad de ser conscientes de uno mismo, no es un hecho automático o de fácil logro sin un trabajo perseverante y continuado sobre uno mismo. 

Un ejercicio simple es el examen retrospectivo, hecho antes de dormirse visualizando lo ocurrido en el día, desde que nos acostamos hasta que nos levantamos, como una película que pasa por nuestra mente sin juzgar lo ocurrido. Con el tiempo se puede extender a más de un día, una semana, un mes inclusive a varios meses y un año. Se trata de una pausa consciente para evaluar imparcialmente los eventos sin juzgar, revelando los patrones de nuestra conducta y nos da información de lo que debemos modificar para que podamos actuar conscientemente para ajustar el rumbo. 

Nos permite reconocer si los hechos vividos fueron parte de nuestro humor circunstancial, una dolencia que nos afecta, un estado de ánimo por dificultades que nos aquejan o del estado de consciencia que hemos alcanzado. 

En otras palabras, el examen retrospectivo es un proceso de reflexión personal donde se revisan momentos, decisiones y experiencias pasadas para comprender lo que funcionó, lo que no, y extraer lecciones que ayudan a mejorar el comportamiento, los hábitos y desempeño futuro, siendo una herramienta para el autoconocimiento, el crecimiento y la toma de conciencia de la propia vida. 

La revelación que resulta de ese ejercicio nos ayuda a que, con otro ejercicio, como la meditación, podamos revertir el comportamiento automático que responde a esos estados. No se trata de un logro mágico o milagroso, como el que produce una medicina, sino un trabajo permanente sobre uno mismo que dura toda la vida, apoyados en la convicción de un destino trascendente de la condición de alma que nos anima. 

Por otra parte, hemos visto que la neuroplasticidad es la increíble capacidad del cerebro para reorganizarse y cambiar su estructura y función a lo largo de la vida, formando nuevas conexiones neuronales o modificando las existentes en respuesta a la experiencia, el aprendizaje, el entorno o lesiones, permitiéndonos aprender, adaptarnos y recuperarnos de daños cerebrales. 

La meditación es una herramienta poderosa que aprovecha la neuroplasticidad para remodelar el cerebro, permitiéndote crear nuevos hábitos y comportamientos más adaptativos, pasando de reacciones automáticas a respuestas conscientes y calmadas.

Con estos ejercicios y la perseverancia en el intento de ser conscientes de lo que nuestras palabras provocan en nosotros y los demás podemos modificar nuestros hábitos verbales para llevar paz, fe, esperanza y hasta felicidad en nuestro entorno.

 

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